Cepeda y la trascendencia histrica de "Pancho" Ramrez
Viernes 18 de Abril de 2014
01.02.2008 | 1 de Febrero de 1820. La Batalla de Cepeda
Cepeda y la trascendencia histrica de "Pancho" Ramrez
Escribe: Gonzalo Garca
Foto: Cepeda es la gran huella histrica de nuestro Pancho Ramrez.
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La Batalla de Cepeda puso fin al proyecto oligrquico del Directorio de Buenos Aires. El 1 de febrero de 1820 empieza un proceso de reencuentro con la realidad natural del pueblo y los valores igualitarios asumidos en la Revolucin de Mayo.
El proyecto monrquico y la Constitucin de 1819.


"El ao 20, decan los aristcratas, era el que deba marcar el fin de la revolucin, estableciendo el poder absoluto para consumar nuestro exterminio repartindose entre si los empleos y riquezas del pas a la sombra de un nio coronado que ni por s ni por la impotente familia a que pertenece poda oponerse a la regencia intrigante establecida y sostenida por ellos mismos."
Francisco Ramirez.


A mediados de la primera dcada del Siglo 19, el antiguo virreinato del Ro de la Plata ya se perfilaba como un pas, faltaba formalmente declarar la independencia de Espaa, las condiciones internacionales apremiaban y los movimientos revolucionarios la exigan. De tal manera el Congreso reunido en Tucumn en 1816 homologa estos hechos enunciando que "las Provincias de la Unin fuesen una Nacin libre e independiente de los reyes de Espaa y su metrpoli". Y ..."declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unnime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vnculos que las ligaban a los reyes de Espaa, recuperar los derechos de que fueron despojadas e investirse del alto carcter de nacin libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrpoli".

Una vez declarada la independencia quedaba un problema a resolver. La pregunta era la siguiente: Qu forma de gobierno elegir? En el congreso de Tucumn se plante seriamente la posibilidad de convertir al pas en una monarqua. Napolen haba sido definitivamente vencido y en Europa seoreaba la Santa Alianza, que era un conjunto de monarquas aliadas muy reaccionarias, que se oponan a la constitucin de republicas ya que stas eran sinnimos de subversin, caos, ateismo y jacobinismo.

Los que estaban por la monarqua no tenan todas las mismas motivaciones. No se puede equiparar el monarquismo de San Martn, que propona adems una monarqua parlamentaria, admitiendo en la monarqua la posibilidad de un gobierno fuerte adecuado a las caractersticas y las grandes extensiones del pas. No se lo puede comparar, repito, con el concepto monrquico de un Manuel Jos Garca enajenado por fuerzas internacionales. Y cosa parecida ocurra con los republicanos. Algunos de los republicanos criollos coincidan en los intereses con Inglaterra. Gran Bretaa, estaba mucho mas interesada en instalar una republica en el Plata porque resultaba un rgimen de ms fcil penetracin y dominacin en razn a las propias tendencias y contradicciones del republicanismo como sistema. Los federales de las primeras dos dcadas revolucionarias eran republicanos, porque asuman en el republicanismo la tendencia popular hacia el pluralismo democrtico, por reaccin histrica contra el unitarismo centralista establecido por los virreyes.

Algunos hombres importantes, Belgrano entre ellos, aconsejaron erigir una monarqua. La propuesta tuvo algunas posibilidades de cristalizar a travs de gestiones diplomticas muy complejas en Europa; tambin se baraj la idea de restaurar el trono de un Inca. Sin embargo, y ms all de las tratativas, estos proyectos no fueron ms que sondeos de opinin que por ms exigua que fuese, repudiaba la posibilidad de un monarca en Buenos Aires: eso habra sido el fin de la Revolucin iniciada en 1810 que encontraba en Mariano Moreno a su pro hombre. El Pueblo, a pesar de ser en ese entonces (como lo es ahora) una entidad heterognea, variopinta, impalpable, rechazaba esa posibilidad y prefera una opcin mas abierta y democrtica.

De manera tal que el Congreso en principio descarta el sistema monrquico. Pero deja aun abierta la posibilidad para que sigua siendo tratada en Buenos Aires cuando sigua sesionando el Congreso para dictar una constitucin.

Corolario de lo dicho, en abril de 1819, el Congreso sanciona una Constitucin, unitaria y absolutista, que no era ni monrquica ni republicana pero que dejaba las puertas abiertas para le entrada de un prncipe o un infante. Se trataba de una Carta Magna aristocratizante, con un Senado formado por delegados por las provincias, pero que al mismo tiempo inclua personajes designados por su propio carcter, tales como: rectores de universidad, generales, obispos etc. El texto no mencionaba la palabra repblica.

La llamada constitucin de 1819, no tuvo prcticamente vigencia y no funcion porque la disidencia federal era ya muy grande, como muy profunda era tambin la desconfianza de los pueblos frente a las intrigas monrquicas de los porteos. As las cosas, y despus de una serie de hechos polticos y militares menores se sanciona la constitucin y esto result una afrenta, una provocacin para los pueblos del interior que conducidos por Ramrez y Lpez marchan con sus montoneras gauchas hacia la ciudad Buenos Aires.


La Batalla de Cepeda y la gloria de Ramrez.


"Gloria a la Patria y honor a los libres. Triunfaron los libres en la inmediacin de Pergamino contra el Tirano Porteo el da 1 de febrero. El 31 de enero march sobre el enemigo que se halla en dicho punto...
Campo de batalla. Febrero 1 de 1820". Francisco Ramrez.


Ramrez, como lugarteniente del Protector Artigas asumir la funcin de jefe supremo del ejrcito federal. Estanislao Lpez, el caudillo santafesino, se agrega a las fuerzas en calidad de aliado histrico del caudillo oriental. Se le pliegan tambin algunos desterrados del rgimen: Alvear que prometa apoyo de importantes sectores porteos y el chileno Miguel Carreras que aporta alguna tropa y una imprenta que haba comprado en Estados Unidos. Esta imprenta, volante, editaba un boletn "La Gaceta Federal" explosivo en su contenido.

En octubre de 1819 se renen los dos jefes, Ramrez y Lpez, en Coronda para establecer planes comunes. Das despus, el entrerriano lanza una proclama declarndole la guerra al Directorio, sostn poltico de la constitucin aristocrtica y antipopular, e invitando a sus paisanos a compartir la insurreccin.

All est ahora, Francisco "Pancho" Ramrez, como jefe supremo de los ejrcitos federales en el umbral de la historia. Est frente a sus "Dragones de la Muerte" como se llamaban las disciplinadas montoneras entrerrianas. Conduce tambin a los dragones santafesinos de Lpez, los guaranes de Misiones, los mocoves del Chaco y toda la montonera artiguista. En ese momento el rgimen directorial se derrumba.

Pueyrredn renuncia al Directorio y asume Rondeau. El mismo Rondeau que nueve aos antes fuera convencido por Ramrez para desertar del ejrcito espaol e ingresar a las filas revolucionaria artiguistas. El mismo Rondeau que est frente a l comandando las tropas porteas.

El Director Rondeau pide auxilio a los ejrcitos regulares. Ya se sabe que el General San Martn, fiel a su conducta patritica, popular y revolucionaria, se niega a desenvainar su gloriosa espada en esta guerra civil, mucho menos en contra del pueblo. Solo le queda al Directorio el veterano Ejercito del Norte comandado por Belgrano al que Rondeau pide auxilio. Esta fuerza se niega tambin a participar en la contienda civil, se amotina en Arequito y esa sublevacin deja al Directorio ya debilitado polticamente en un estado de total vulnerabilidad militar.

El 1 de febrero de 1820 en la caada de Cepeda, en una atropellada de las montoneras federales se sella la suerte del Directorio oligrquico.

El historiador entrerriano Vsquez escribe en su libro "Ramrez": "El triunfo de Cepeda debe considerarse como el bautismo de sangre del federalismo argentino, y como la primera afirmacin colectiva de la mayora popular a favor de la organizacin nacional, republicana, democrtica y federal". Y contina: "La toma de Buenos Aires ha dicho Estrada en sus eruditas lecciones de Historia Argentina, consagr el triunfo de la democracia y la muerte de las aspiraciones monrquicas".

La batalla de Cepeda desde el punto de vista del aspecto militar fue de las ms "pobres" en la historia argentina pero en sus proyecciones polticas fue de las ms fecundas. Las milicias directoriales, formadas en mayor parte por esclavos comprados por el gobierno para convertirlos en soldados, se desbandaron ante el ataque montonero. Una sola carga bast para desmoronar a los porteos que "en menos de un minuto" se dispersaron dejando la artillera en poder de los gauchos entrerrianos.

Polticamente, institucionalmente haba cado por primera vez desde 1810 la autoridad nacional, por primera vez desapareca una entidad estatal que haba ejercido, a veces solo formalmente, el poder sobre todo el antiguo virreinato.

Los sectores oligrquicos de Buenos Aires entran en pnico ante una supuesta posibilidad de "invasin" de las tropas federales. Vicente Fidel Lpez, el ensayista quintaesencia de la versin mitrista de nuestra historia, expresa su repugnancia cuando relata el episodio: "numerosas escoltas (de Ramrez y Lpez) compuestas de indios sucios y mal trajeados a trmino de dar asco ataron sus caballos en los postes y cadenas de la Pirmide de Mayo mientras sus jefes se solazaban en el saln del ayuntamiento". Relato que habla por s solo acerca del desprecio y el odio que siente la oligarqua y la antipatria por la figura de "Pancho Ramrez" y el recuerdo de la batalla de Cepeda.

Las montoneras de Ramrez y Lpez entran en un Buenos Aires y atan la caballada a la Pirmide de Mayo recin construida...Comienza lo que la historia liberal denomin la "anarqua del ao ‘20". Ms que "anarqua" en el ao 20 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que deba sustituir las jerarquas de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolucin de Mayo.

Ese es el valor de Cepeda y de la entrada de los caudillos del litoral a Buenos Aires. Fue una directa confrontacin con la verdad nacional, que en 1820 era ruda, brava e indomable. Para aprender esa verdad no servan los doctores y sus leyes. Servan s esos hombres espontneamente surgidos de sus realidades comarcales. Ellos, los caudillos, tuvieron la responsabilidad histrica de encauzar de manera pragmtica y progresiva esa fluida verdad nacional que desfilaba a caballos por las calles de Buenos Aires.

Esta es la gran gloria histrica de nuestro "Pancho" Ramrez.

Escribe: Gonzalo Garca
Integrante del Consejo Provincial del Partido Justicialista de Entre Ros.
Edicin Impresa Nro 68
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