San Martn entre el mito y la historia (Parte I)
Viernes 28 de Noviembre de 2014
16.08.2008 | El 17 de Agosto de 1850 falleca el "Padre de la Patria"
San Martn entre el mito y la historia (Parte I)
Escribe: Gonzalo Garca
Foto: San Martn fue vaciado de significado poltico y negado en sus rasgos nacionales ms profundos.
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En torno a la historia de San Martn se ha creado un mito. Poco tiene de verdad lo que se ha enseado mecnicamente sobre l durante dcadas. Pero ese mito no es ms creble. Ya no es funcional a quienes lo inventaron. Es hora de uno nuevo.
"Una palabra domina e ilumina nuestros estudios:"comprender". No digamos que el buen historiador est por encima de las pasiones; cuando menos tiene sa." Marc Bloch.

"No esperemos recompensas de nuestras fatigas y desvelos". Jos de San Martn.

Introduccin

San Martn como figura de culto, como prcer, puede resultar un perfil sencillo para ser narrado en historias escolares o para ilustrar revistas como Billiken.

Pero no es fcil para los historiadores. Su tratamiento histrico es spero y dificultoso por dos razones: El nombre de San Martn est envuelto en "misterios", enigmas, secretos y dudas que an no estn del todo despejadas y, en segundo lugar, la figura histrica de San Martn est muy vinculada con el mito del hroe.

En lo que se refiere al "hroe", el concepto de la heroicidad individual como sujeto hacedor de la historia, considero que es una zona que corresponde al mito o a la leyenda, no a la historiografa. El herosmo individual no tiene significado histrico.

Pero s es medular conocer la construccin histrica del prcer, del "Padre de la Patria" y se es el objetivo propuesto en este artculo: conocer y comprender las razones y los medios de la construccin histrica de San Martn como Padre de la Patria, hroe sobresaliente e indiscutido del panten nacional.

En torno a la historia de San Martn se ha creado un mito. Poco tiene de verdad lo que se ha enseado mecnicamente sobre l durante generaciones. Pero ese mito no es ms creble. Ya no es funcional a quienes lo inventaron. Es tiempo de construir un nuevo relato al servicio de los intereses de la patria.

Saliendo del ostracismo

Fue recin a fines del S .XIX, principios del XX, que San Martn qued en el lugar de la historia que la escuela primaria nos ense. Su figura y su mito se desarrollaron a lo largo de los aos. Este fue un proceso largo y accidentado que todava no ha terminado y que a continuacin intento exponer.

Al momento de abandonar el pas en 1824, San Martn era uno de los hombres pblicos ms "desprestigiados" del continente. En Per lo acusaban de ladrn y dictador con nfulas de monarca; en Chile de jefe de los bandidos y asesino de los hermanos Carreras; en la Argentina de ambicioso, advenedizo y reblandecido cerebral. Sus muchos enemigos polticos (personajes nefastos de la talla de Rivadavia, Cocharne, Carreras, etc.) haban realizado una despiadada campaa de injurias contra el vencedor de Maip.

En 1842 el Congreso de Chile vota por unanimidad una ley que le restituye el grado militar y otorga una pensin vitalicia a un San Martn ya en el exilio y pocos aos antes de su muerte.

La reivindicacin pblica haba comenzado un ao antes con un escrito de Sarmiento en la prensa chilena. Firmado con el seudnimo de un "Teniente de Artillera de Chacabuco", su autor, quien obviamente no haba estado en la batalla, provoca la inmediata atencin pblica. El artculo pone en marcha la revisin del pasado bajo una nueva perspectiva, la del presente americano que busca en su propia historia el origen y la identidad del nuevo orden institucional.

Una vez retomada esta lnea de continuidad histrica, la figura de San Martn adquiere el status de "primus inter pares", y ser "el primer exiliado" dir Sarmiento desde su propio exilio chileno.

Los historiadores contemporneos del prcer ejercitaron sin temor la crtica directa y abierta sobre su persona como sobre sus actos. Dos de ellos lo conocieron en el exilio. El ya mencionado Sarmiento lo visit en Grand Bourg en 1845; dos aos antes haba estado Juan Bautista Alberdi. Pese al enorme inters que despertaba en ambos, ninguno dej una visin apologtica de su anfitrin. Sobre todo el sanjuanino que juzgaba con acritud la relacin epistolar que San Martn mantena con Juan Manuel de Rosas, "un tirano condenado por la historia".

Sin embargo, a cada lado de los Andes, los miembros de la segunda generacin de la Independencia reconocan en San Martn al Libertador.

Segn cuenta Francisco Encina en "Historia de Chile", los antiguos oficiales chilenos tambin rehabilitaban en el pas trasandino su figura. En 1845 el general Francisco Pinto le escriba: "Marcha a Europa mi hijo Anbal en la legacin que va a Roma, y al pasar por Pars tiene que cumplir con la obligacin que incumbe a todo chileno de besar la mano de quien nos dio Patria. Srvase usted, mi general, echarle su bendicin".

Lentamente San Martn va saliendo del ostracismo histrico al que fue sometido por la pandilla rivadaviana. Paradjicamente, sern los herederos polticos de Rivadavia y los unitarios los que construirn el mito sanmartiniano.

Alberdi rehsa el rol de creador

En 1852, despus de la cada de Rosas, Sarmiento le pide a Alberdi una biografa del hroe. Alberdi rehsa la invitacin, pues cree que se pretende condicionar su juicio.

Alberdi rechaza el manejo politiquero de la historia y en 1865, decepcionado con el curso de los hechos, arremete contra la primera versin de la "Historia de Belgrano", publicada en 1857 por Bartolom Mitre y prologada por Sarmiento. Con irona fustiga la falsa vanidad nacionalista de Mitre y denunciando falsedades, entre otras cosas escribe: "En Sud Amrica, cada repblica tiene que deber su historia a su vecina. Acaso la revolucin no se ha hecho de esa manera? Y cules fueron sus banderas? La azul y blanca, aclara Alberdi, slo flame victoriosa en territorio argentino en la batalla de Salta, con la bandera espaola se hicieron las campaas de Paraguay, de Montevideo y del Norte, con las banderas de Per y de Colombia se defini la independencia en Ayacucho; la bandera azul y blanca slo volvi a desplegarse en Chile pero San Martn, una vez en Lima, la reemplaz por la del Per pese a la oposicin de los oficiales argentinos. Esta es la historia que Mitre no cuenta, asevera Alberdi, porque no da votos para la presidencia".

El mas lucido de los intelectuales del liberalismo argentino rechazaba ser el "creador" del mito sanmartiniano. Con su actitud ya denunciaba la invencin de un mito que no concordaba con la verdad histrica.

El liberalismo argentino y la creacin del mito

En 1862, se inaugura la gran estatua ecuestre del hroe en Buenos Aires, en la actual plaza que lleva su nombre. Mitre presida la Repblica. A partir de 1875, comienza a publicar en "La Nacin" (recordemos que Mitre era propietario del diario), en forma de folletn, la "Historia del general San Martn". La obra cuenta con una profusin de documentos que provienen entre otros del archivo personal de San Martn que estaba en manos de su nieta doa Josefa.

En 1878 el gobierno nacional en pleno conmemora el primer centenario de su nacimiento. Los actos son masivos. Desde el ao anterior, el presidente Avellaneda ha logrado instalar en la opinin pblica la necesidad de juntar fondos para repatriar los restos del Libertador.

El 28 de mayo de 1880, la ciudad recibe los restos de San Martn; para la ocasin se pospone el enfrentamiento armado entre los detractores y los partidarios de la federalizacin de Buenos Aires que ya era inevitable.

Algunos historiadores mencionan las dificultades que se tuvo para que la Curia de Buenos Aires aceptara sus restos en el recinto de la Catedral, debido a su posible condicin masnica. La historiadora y experta sanmartiniana, Patricia Pascuali, tiene una interesante opinin al respecto cuando expresa que: "Es una gran contradiccin que sus restos estn en la Catedral. La Iglesia no lo quera, por eso se hizo el mausoleo afuera del recinto consagrado. Debera estar enterrado en la Recoleta: la ciudad le haba destinado un lugar en el Cementerio".

Ciertamente, los funerales y el destino final de sus restos mortales, descansando en la Catedral Metropolitana, contradicen la voluntad de San Martn, claramente expresada en su testamento, donde prohiba que se le hiciere funeral y pidi explcitamente que se lo trasladase a un cementerio.

Su nico pedido fue "aunque deseara que mi corazn descanse en Buenos Aires". Pero poco le interesaba a esa generacin respetar la ltima voluntad del prcer, ya estaba en marcha la construccin del mito.

El hombre segn Mitre

Entre 1887 y 1888, Mitre concluye su obra biogrfica. Su visin de San Martn no es complaciente. Lo describe como un general ms metdico que inspirado, un poltico por necesidad y por instinto ms que por vocacin, en fin, una inteligencia comn de concepciones concretas.

Polemiza con Vicente Fidel Lpez, que juzga con ms dureza al Libertador pues no omite referir cuanto ha odo de su propio padre, Vicente Lpez y Planes.

La historia de Mitre, muy bien escrita y mejor documentada, se propuso asentar los mitos fundadores de la Nacin. Si el mito es el relato de los orgenes, lo que a Mitre le interesaba, era instalar institucionalmente, a travs del mito histrico, un discurso poltico y una historia oficial que nos permita reconocernos en un pasado propio. Obviamente un pasado circunscrito dentro los conceptos ideolgicos del liberalismo porteo, a los intereses de clase que defenda y representaba Mitre.

El objetivo fue polticamente funcional al poder oligrquico durante el siglo XIX y parte del S. XX.

Muerte de la tradicin oral

El historiador Ernesto Quesada, precursor del revisionismo histrico, afirma en el ao 1915, en una conferencia pblica, que ha recibido de manos de un investigador peruano un retrato de un supuesto hijo natural de San Martn muerto poco tiempo atrs en Lima, y agrega: "ha sido voz pblica en la ciudad del Rimac, que aquel mulato era bastardo del hroe".

Quesada le resta importancia al hecho pero no omite contarlo. Quiere humanizar al prcer? No, no necesita hacerlo, simplemente acude a la fuente de la tradicin oral que todava opera con fuerza sobre el sentido comn. Esta es una de las ltimas noticias que llegaron a travs de la tradicin oral que se conoce como fuente histrica a 65 aos de la muerte de San Martn.

Muerta la tradicin oral. Era tiempo de reactualizar y redisear el mito. Era el momento de cristalizarlo. Pensaron (los herederos de Mitre, Sarmiento y cia) que no exista quien pudiese refutar el mito. Bajo esta lgica avanzaron.

Rojas: la sacralizacin del Mito de Don Bartolo

El endiosamiento del prcer, su sacralizacin y sobre todo la militarizacin de su figura no es imputable al siglo XIX. Es un fenmeno mucho ms tardo, o ms reciente: comienza bien entrado el siglo XX.

Ricardo Rojas (1882-1957) publica en 1933 "El Santo de la Espada". Como se afirm, la tradicin oral ha concluido. Ahora Rojas puede, sin reservas, presentar a San Martn como un santo laico, un hombre moralmente ntegro, desinteresado e intachable. Un arquetipo.

Es interesante ahondar ligeramente en la figura de Ricardo Rojas, ya que su trayectoria como intelectual orgnico fue repetida trgicamente por muchos pensadores argentinos.

Arturo Jauretche escribi un brillante y cido artculo "Ricardo Rojas, un intelectual a contramano de la alegra" donde, entre otras cosas, seala: "Rojas fue durante varios aos la gran figura histrica del viejo pas, ligado al radicalismo en declinacin, que simbolizaba la oposicin a la revolucin nacional acaudillada por Pern". Jauretche reivindica a un Ricardo Rojas joven y nacionalista que escribi obras atractivas como "La restauracin nacionalista" o "Blasn de plata", que es una crtica al dilema de civilizacin o barbarie. Pero aade que, "presionado por los grandes poderes de la semicolonia que lo condenan al silencio, Rojas sale a la palestra durante la primera guerra mundial en total coincidencia con la posicin oligrquica y poco despus se desplaza cada vez ms de su posicin de aos atrs", quedando al fin, "enredado en los compromisos con la superestructura cultural de la factora".

Para Jauretche, Rojas es el responsable de la sacralizacin y mitificacin de San Martn en "El Santo de la Espada", "levantndolo como hroe moral para anularlo como jefe de la revolucin latinoamericana y decidido antirrivadaviano, es un paso ms en su claudicacin".

"El Santo de la Espada"

No hay dudas que sin "El Santo de la Espada", la historia y la imagen pblica de San Martn hubiese sido otra, tal vez ms formal y militar, y mucho menos "sacra".

Quien haya ledo esta obra habr notado que el autor no ha escrito "una historia", sino que escribi "una vida". Ricardo Rojas escribe esta biografa apologtica para incorporar a San Martn a la mitolgica universal. Leemos entre otras cosas: "Su figura sin predecesores entre los guerreros, no pertenece a la tradicin homrica de Aquiles o de Hctor, en que se formaron Alejandro, Csar, Carlomagno, Federico, Napolen y el americano Bolvar, tan grande como aquellos. San Martn es un asceta con misin de caridad, y pertenece a la progenie de los Santos armados, prototipos de los que en la gesta medieval fueron Lohengrin y Parsifal, caballeros de lo divino, verdaderos protectores, cuyo misticismo pico no se haba realizado plenamente en la historia antes del caso sanmartiniano; pero que tiene precedentes castizos en el Rey Pelayo y el Cid Campeador de la historia o en el Amads y el Quijote de la leyenda literaria."

En "El Santo de la Espada", Rojas divide la vida de San Martn en tres etapas o "Jornadas", la primera de aprendizaje y conocimiento (1778-1816), la segunda de realizacin y poder (1816-1822) y la tercera de sacrificio y amor (1822-1850). A ellas corresponden las tres grandes partes del texto, titulados: Iniciacin, Hazaa y Renunciamiento. A manera de epgrafe utiliza para iniciar los bloques tres conocidas frases sanmartinianas que reflejan el perfil psquico del hroe: "Sers lo que hay que ser o no sers nada". "Debo seguir el destino que me llama" y "Estoy y estar retirado del mundo".

Desde el punto de vista literario es considerada, por quienes entienden, una obra menor. Entretenida, erudita, de lectura amena, pero "sin la fuerza narrativa de un Sarmiento o Lugones" dicen. Tambin agregan que se advierte en el "Santo de la espada" la influencia del modernismo con un sesgo neorromntico, y una gran identificacin con la potica de Vctor Hugo.

Ricardo Rojas vaca de contenido poltico la biografa de San Martn y lo mitifica como un santo laico, inmaculado: "El ser en medio del tumulto emancipador, algo as como un monje armado, ejemplar nunca visto de santidad paladinesca, Cid de nuevas Castillas fundido en un Loyola de misticismo laico".

"El santo de la espada" es un claro ejemplo de mitificacin de la historia y un libro paradigmtico que, tendenciosamente, nos muestra a un semidis para no mostrarnos un hombre. Un libro que, ofrece un prototipo de hroe universal en vez de nacional, en fin un Santo que debe de cumplir con su destino del que est prisionero.

Y como toda mitologa tiene su costado misterioso y esotrico, los temas inciertos de la historia de San Martn, los que definen su naturaleza poltica, quedan en la bruma de las dudas. Todo es enigmtico y metafrico como en las leyendas. La filiacin de San Martn la define como "cuna incierta y oscura". Las razones de la decisin de San Martn de venir a Amrica del Sur y adherirse a la causa de la emancipacin se debe a que: "La visin de Amrica pas ante sus ojos: en lo recndito de su espritu, oy entonces la voz del daimon interior que gua a los hroes. Odiseo volva a su Itaca". La posible filiacin masnica de San Martn no es un hecho poltico, sino hermtico y oscuro: "San Martn entr as a la logia de Cdiz, aunque no sin antes vencer recios escrpulos en lo profundo de su alma". "La verdadera "iniciacin" de San Martn fue su experiencia en el trabajo y el dolor...".

En conclusin, Ricardo Rojas, en el "Santo de la espada", reafirma las bases fundacionales del mito sanmartiniano acorde a los dictados ideolgicos del mitrismo y a la oligarqua portea. Lo hace entrado el siglo XX, en respuesta a las nuevas necesidades de las minoras oligrquicas.

Construye un hroe misterioso y difcil de vislumbrar. Muy parecido al que describa Mitre, cuando ste escribi su Historia de San Martn: "San Martn, tena siempre dos cuerdas en su arco: una visible y otra oculta. Por una tendencia de su naturaleza compleja positiva y de pasin reconcentrada- a la vez que todas sus ideas se traducan en acciones, se entregaba a elucubraciones solitarias, dando gran importancia a los manejos misteriosos. Su organizacin de la Logia Lautaro, su plan de guerra de Zapa antes de atravesar Los Andes, sus trabajos secretos para preparar la revolucin del Per, sus tentativas de pacificacin con los realistas haciendo intervenir la influencia de la masonera, y por ltimo sus planes tenebrosos de monarqua, dan testimonio de esta propensin. Era, pues, natural, que a sus trabajos pblicos, acompaase algn trabajo subterrneo en la sombra del misterio".

Y en la penumbra de ese "misterio" se niega al San Martn histrico, jefe poltico de una revolucin continental, el de la causa de la emancipacin americana, el que desde el exilio le lega su sable a Juan Manuel de Rosas....El San Martn mtico de Mitre y Rojas es un prcer universal y ahistrico mas cerca del "Cid Campeador" que de s mismo, mas helnico que americano, ms sajn que mestizo. Un arquetipo imposible de comprender en su verdadera dimensin histrica. De esta manera y de la mano de Ricardo Rojas se lo coloca al Libertador en la "superestructura cultural de la factora" convirtindolo as en un ente inaccesible.

La construccin del mito que compone Ricardo Rojas en el "Santo de la espada" segn las instrucciones del aparato cultural del rgimen liberal no tienen consistencia histrica alguna.

Y si, a esa falta de solidez histrica, se le agrega la manera intrigante y misteriosa en que est narrada la vida del hroe, comprenderemos la razn por la cual se han planteado, desde diferente ngulos y desde todas partes, dudas y preguntas sobre la figura del prcer en los ltimos cien aos...:Cul era la relacin de San Martn con la corona britnica? Era masn? Era mestizo? Cual era su verdadera filiacin? A qu vino a Argentina? Por qu no desembarc en 1829? Cul era la relacin poltica con Juan Manual de Rosas? Y por ltimo, como todo ocurre segn la historia oficial entre enigmas e intrigas... Cul fue el contenido de la entrevista de Guayaquil? En el mito todo puede ser confuso, en la narracin histrica no, porque toda narracin histrica opera sobre la identidad nacional y sta debe de ser fortalecida, no debilitada por las dudas intrigantes de los intelectuales orgnicos del aparato cultural del sistema.

La "estatizacin" del mito

En 1934, un ao despus de la publicacin del "Santo de la espada" y en plena "dcada infame", el historiador Jos Pacifico Otero funda el Instituto Nacional Sanmartiniano con el objetivo de "proteger" la memoria del prcer. La "Biblia" es la "Historia de San Martn" de Otero, una minuciosa y documentada obra que contiene una similar lnea argumentativa que Mitre y casi las mismas omisiones histricas que su obra.

En este mismo perodo histrico, bajo la presidencia del General Justo, se proclama el 17 de agosto como efemride patria y, de esta forma, San Martn es emplazado en el panten nacional junto con Belgrano, el otro hroe biografiado por Mitre. Luego, con la incorporacin de Sarmiento se completa nuestra trada de hroes patrios, y son las tres fechas de sus muertes, en la actualidad, las que figuran en las efemrides patrias.

Despus de la revolucin del 4 de junio de 1943 el culto sanmartiniano se oficializa segn los dispositivos del Estado Nacional. Comienza lo que podemos llamar la militarizacin del prcer. En agosto de 1944 por medio del decreto ley 22.131 se convierte el Instituto Nacional Sanmartiniano en un organismo del Estado. El objeto de esta institucin estatal es, entre otras cosas: "rectificar pblicamente por comunicaciones, escritos, conferencias o cualquier otro medio de difusin, todo error que se ponga de manifiesto en publicaciones, obras, conferencias, etc., con respecto a la verdad histrica sobre la vida del prcer y hechos en que intervino". Es decir que se crea un organismo estatal para ser el juez de la verdad histrica sobre temas sanmartinianos y custodio de la integridad moral de la figura del prcer. Desde el ao 1945 hasta la fecha ejercieron la presidencia del Instituto 8 militares y tan slo un civil. (El Profesor Jos Maria Castieira de Dios desde 1950 a 1952. Una grata excepcin).

Un aspecto a considerar tambin en la militarizacin de la prcer llevada a cabo por el Instituto Nacional Sanmartiniano es la creacin posterior de la Comisin Argentina de Historia Militar. Esta Comisin recibi el aval de la Secretara de Cultura de quien depende el Instituto Nacional Sanmartiniano en su actual orgnica administrativa. Sus fines son, adems de promover el estudio y la difusin de la historia militar en general y de la historia militar argentina en particular," enfatizar especialmente la trayectoria castrense del Libertador General Jos de San Martn".

En el ao 1944 se instituye la "Orden del Libertador San Martn", condecoracin destinada al reconocimiento de los servicios prestados al pas o a la humanidad por personalidades extranjeras, asociando as el mayor galardn otorgado por la Nacin a la figura del Padre de la Patria.

Pern y San Martn

En 1950 durante el primer gobierno justicialista, el General Pern preside los actos oficiales montado en su caballo pinto y luciendo uniforme militar. Es el primer centenario de la muerte del Libertador. El mito ya queda despojado del hombre conocido, el Gran Capitn slo viste ropaje militar. El prcer fundido en bronce acababa de nacer a cien aos de la muerte histrica del hombre que lo sustent.

Por medio de la ley 13.661 se declar a 1950, centenario de su muerte, "Ao del Libertador General San Martn". La apoteosis sanmartiniana se renovara cada da de los 365 del ao 1950. El general Pern, infundido como militar y poltico del fervor patritico que acorde a un conductor de pueblos como l, encontr el escenario ideal para impulsar la causa sanmartiniana como la causa de todos los argentinos.

Pero para poder comprender debidamente al ao 1950, "Ao del Libertador General San Martn" y su aporte en la construccin del mito, es preciso tambin entender cul es la funcin del mito en la historia de un pueblo y en que contexto nacional e internacional se encontraba Argentina en ese momento.

Los mitos son definidos por el especialista Joseph Campbell como "instrumentos fundamentales para entender la realidad" y explica que, a las creaciones simblicas, los hombres las utilizan para resolver los dilemas de su tiempo. El pas de los argentinos en el Ao del Libertador era la Argentina del primer peronismo con un sesgo profundamente nacionalista. Con el ejrcito participando activamente en la industria nacional y comprometido con el proyecto poltico de los trabajadores que conduca el General Pern, en el marco de una economa floreciente.

Agreguemos un contexto internacional y geopoltico especial como lo fue la guerra fra. En ese marco de pos guerra la Argentina haba declarado su Tercera Posicin e intentaba conducir la unidad latinoamericana.

El Ao del Libertador simboliza sin duda ese momento histrico de la Argentina que quera revelar a Amrica y al mundo toda su realidad: un pueblo unido detrs de las banderas y el coraje de un Gran Capitn y un ejrcito poderoso con vocacin nacional.

Exhiba tambin claramente a un presidente democrtico de extraccin militar encabezando un movimiento de masas, popular en su base y nacional en sus objetivos. Mostraba al mundo ideolgicamente convulsionado de la post guerra el surgimiento de un proyecto alternativo: una Nacin socialmente justa, econmicamente libre y polticamente soberana.

La Resistencia Peronista y el "San Martn Rosas Pern".

Y llegamos a la Revolucin fusiladora de 1955. Si bien la trada San Martn-Rosas-Pern ya haba sido preconizada por autores revisionistas durante el gobierno de este ltimo, ser despus de 1955 que a la lnea Mayo-Caseros-Septiembre propuesta por la "Revolucin Libertadora" se le responder con la mencionada trada nacional desde los ms diversos crculos del peronismo. Jauretche sealar custicamente al respecto: " La Lnea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las analogas que establecen entre el pasado y el presente la comprensin histrica! Flor de revisionistas estos Libertadores! Para perjudicar a Pern lo identificaron con Rosas y Rosas sali beneficiado en la comprensin popular. Caseros se identific con septiembre de 1955 y los vencedores con los gorilas"

Pern, guiado por un criterio pragmtico, prefiri no incorporar el debate sobre el pasado a los conflictos que atravesaban el presente de la sociedad argentina, por lo que eluda pronunciarse pblicamente sobre la problemtica planteada por el revisionismo.

En el libro "Breve historia de la problemtica argentina" compilado por Eugenio P. Rom en 1967, en la soledad del exilio, Pern opina sobre San Martn y seala primordialmente el perfil militar del prcer: "San Martn era junto con Alvear, el nico militar del Ejrcito Argentino, que se poda llamar de carrera. Cuando regresa a su tierra, ya es teniente coronel, formado en el Ejercito Espaol".

Y contina: "Tiene 34 aos de edad, con 20 aos de servicios. Todos sus grados los ha ganado peleando en el frente de batalla. No era noble; por eso, cada ascenso tena que lograrlo por mrito, y con el sable en la mano. No haba en todas estas tierras, ninguno que se le pudiese poner a la misma altura. Era un soldadazo. Un militar de lujo. Su estrella brilla todava, ms que ninguna otra, en el cielo de la Patria con la luz de Chacabuco y Maip con la libertad de medio continente".

Pero es interesante sealar que Pern es coherente en la valoracin que hace de San Martn esencialmente militar porque coincide con su concepto de que: "el origen de nuestra patria es sumamente complejo, pero, dentro de esa misma complejidad, se destaca netamente la influencia del factor militar".

Las dcadas del 60 y 70 son de movilizacin popular y lucha armada. Estos aos coinciden con la poca de oro del revisionismo y con un avance notable de la corriente nacionalista popular, acompaada por la "izquierda nacional" y las vertientes ms radicalizadas del peronismo. El pasado se politiza y en esas polmicas la figura del hroe es reivindicada por el revisionismo histrico y los sectores populares.

El revisionismo histrico se reencuentra con el Movimiento Peronista. San Martn es bajado del pedestal liberal en donde haba sido instalado como prcer impoluto por no haber intervenido en las luchas civiles argentinas, por no "desenvainar el sable".

El revisionismo seala y difunde en sus escritos el gesto poltico de San Martn de legar su sable a Juan Manuel de Rosas. El revisionismo rosista-peronista de los aos de oro levant la donacin del sable hecha por San Martn a Rosas como la convalidacin de los mritos histricos del Restaurador para integrar el panten nacional. Espacio que la historiografa liberal le haba negado y seguir hacindolo hasta la actualidad.

Por esos mismos aos setenta, la Juventud Peronista, en estado de movilizacin permanente, provocaba al generalato de Lanusse con cnticos como ste: "generales de cartn, generales son los nuestros: San Martn, Rosas, Pern." Consigna sta que, adems de proclamar la lnea histrica de nuestra soberana poltica, reflejaba la militarizacin de la poltica en esos momentos.

Esa misma JP a principios de los 70 y en el marco de la campaa del "Luche y vuelve" realiza una pegatina de afiches que reproducan la "Orden General": "Compaeros del Ejrcito de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo dems no importa. Compaeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el pas enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje." Jos de San Martn.

En el primer documento de apoyo explicito a Montoneros realizado por una organizacin poltica de superficie, en ocasin del asesinato de Emilio ngel Maza en 1970, se cita la Orden General de San Martn. En aquel documento la Federacin de Agrupaciones Universitarias Integralistas de Crdoba encuentra en las palabras del Padre de la Patria la justificacin poltica de la vida y la muerte de quien fuera uno de los fundadores de Montoneros.

El mensaje sanmartiniano, aprovechado por la JP, iba dirigido a la cpula militar de la dictadura lanusista y marcaba evidentemente la decisin y la naturaleza de la lucha emprendida.

El Golpe y el (re) vaciamiento del mito

En 1978, en plena dictadura militar, se celebr el ao del bicentenario del nacimiento de San Martn, conjuntamente con el Campeonato Mundial de Ftbol. El marco lo dio el "II Congreso Internacional Sanmartiniano" donde, la moderacin de los discursos oficiales no alcanz para ocultar el fondo de sus intenciones polticas y su ideologa liberal - entreguista.

El mencionado congreso ofici un gran homenaje a San Martn y recogi las investigaciones tanto de experimentados historiadores, como de jvenes estudiosos del pas y del extranjero.

Toda esta actividad oficial se desenvolva en una sociedad angustiada por la falta de garantas constitucionales y castigadas por las calamidades que sufra.

Desde la vuelta al sistema democrtico en 1982 hasta el da de hoy la figura de San Martn, como mito histrico, contina en los manuales escolares de Historia Argentina definitivamente unida a la idea de Padre de la Patria que ya los argentinos tenemos integrada a nivel "gentico".

Estos manuales no pretenden ensear historia sino la liturgia vaca y mecnica de ser argentino. Rituales sin sentido crtico que sirven para socializar los valores morales de un arquetipo humano.

Es una poltica de estado, que entendemos correcta implementar, pero insuficiente y equvoca en el contenido. Porque el modelo, el mito, est vaciado de contenido histrico, es incompleto, parcial, tiene demasiadas lagunas y abusos interpretativos. Simplificaciones de catecismo que subestiman la inteligencia media del pueblo argentino.

Los vacos actuales del mito

Pero, como sealamos ms arriba, al no tener el mito sustento histrico necesario ha sufrido ciertos embates, se han planteado dudas, cuestionamientos que a algunos sectores les resultaron chocantes o agraviantes.

En los ltimos 20 aos han aparecido algunos historiadores especializados en temas sanmartinianos que, desde diferentes espacios ideolgicos, han cuestionado las bases mismas de la narracin histrica oficial que gener el mito. Entre estos trabajos histricos que han abierto nuevos caminos quiero destacar los siguientes:

Terragno y el plan ingles

a) Rodolfo Terragno en 1981 durante su exilio londinense y guiado por su vocacin investigadora encuentra en unos archivos escoceses una documentacin en la cual un militar, Thomas Maitland, presenta hacia 1800 al gobierno britnico un proyecto poltico militar bajo el nombre de "Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Per y Mxico". Al regresar del exilio y siendo Alfonsn presidente, publica su descubrimiento en la revista "Todo es Historia" en agosto de 1986 en un artculo titulado "Las fuentes secretas del Plan Libertador de San Martn".

Ms tarde, en 1998, editar un libro bajo el ttulo de "Maitland & San Martn" en el que profundiza y aporta nuevos detalles de sus investigaciones.

En realidad la obra se reduce a exponer su descubrimiento evitando interpretaciones y comentarios sobre el mismo, aunque deja sentado de que sera casi imposible que San Martn no haya conocido estos planes. Deja de esta manera la puerta abierta para que los historiadores y el pblico replanteen las relaciones polticas entre la corona britnica y el General San Martn.

Sejean y el agente ingles

b) En 1997 la editorial Biblos publica "San Martn y la tercera invasin inglesa", el autor, Juan Bautista Sejean no es un experto historiador sino un ex juez de la Nacin. Ex juez de la dictadura militar que se declar incompetente cuando le toc intervenir en el asesinato del Mayor Bernardo Alberte, asesinado vilmente (fue arrojado al vaco desde el balcn del 6 piso del departamento en que viva) por un grupo de tareas el mismo da del golpe militar del 24 de marzo de 1976.

Este ex juez, devenido en historiador llega a la conclusin de que el Padre de la Patria es un agente ingls. As lo pronuncia sin ninguna vacilacin. Esta conclusin es producto de especulaciones basadas en una teora conspirativa de la historia, pero que aprovecha tambin la ausencia de explicaciones coherentes y fundamentadas acerca de la razn del regreso de San Martn a su patria.

Sejean se vale de la poca solvencia de la historia mitrista, las deformaciones del mito y las profundas lagunas que la narracin histrica contiene. Y as, el ex juez, apelando a simplificaciones, escribe en un libro que tuvo varias ediciones, donde plantea su absurda y fantasiosa conclusin: El Padre de la Patria, era un agente del imperialismo britnico.

La chismografa histrica de Hamilton

c) La polmica relacionada con San Martn se complica y profundiza en el ao 2000 al cumplirse los ciento cincuenta aos de su fallecimiento. En ese ao se publican varias biografas de San Martn, la ms exitosa desde un punto de vista comercial se titula "Don Jos, la vida de San Martn" del escritor liberal Jos Ignacio Garca Hamilton.

El autor afirma que el libro "nos permite recuperar la imagen de un San Martn de carne y hueso, con humillaciones y esperanzas, alejado del perfil de hroe mitolgico elaborado por la historia oficial."

Este libro, ms cerca de la literatura o del gnero de la telenovela, es un salpicado de referencias a la vida ntima de San Martn que en su afn de humanizar al prcer llegan, innecesariamente, hasta las fronteras del mal gusto y la procacidad.

Pero el golpe efectista del libro, la novedad es que: segn investigaciones que por diversos caminos ha hecho el mismo Hamilton y otros autores, el General San Martn no sera hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martn sino de la india Rosa Guar y del espaol Diego de Alvear. La polmica se desata en los medios y el libro entra en la lista de best seller.

Respuestas extraas de los custodios del mito

El Instituto Sanmartiniano, custodio de la moral del prcer sale al cruce de las afirmaciones del "apstata". Para el Instituto es una infamia afirmar que San Martn fuese mestizo, hijo "bastardo" de una india.

No deja de ser ideolgicamente paradojal que el Instituto haya defendido activamente la filiacin oficial de San Martn y no se haya inmutado ante las imputaciones del ex juez de que San Martn era un agente ingls.

El Instituto, en lo pareciera ser una adhesin a una vieja tradicin racista, liberal y pro britnica acuada por Mitre, niega la posibilidad de sangre guaran en las venas del Libertador. Pero al libro del ex juez, el Instituto no le contesta. Le resta importancia a la afirmacin de que nuestro Padre de la Patria haya podido ser agente ingls. La contingencia de un San Martn mestizo es negada enftica y dogmticamente. Imposible!!! vociferan sin argumentar.. Sobre el tema de Inglaterra.... de eso no se habla.

El mito del indio

d) En el ao 2001 el historiador Hugo Chumbita publica "El secreto de Yapey. El origen mestizo de San Martn" y luego "Hijos del pas, San Martn, Irigoyen y Pern, en el 2004. Este historiador, que adhiere polticamente al pensamiento nacional no busca en su obra un efecto comercial, no escribe un best seller sin asidero histrico.

De manera responsable y documentada el libro ofrece argumentos y documentacin para demostrar que el Gran Capitn es hijo de Rosa Guar y Diego de Alvear (padre de Carlos Mara de Alvear por lo cual San Martn seria medio hermano de ste). Chumbita solicita incluso al Senado de la Nacin que se efectu un ADN sobre los restos de San Martn y de su supuesto padre Diego de Alvear para probar su parentesco, pedido que fue denegado.

Galasso denuncia al "padre de la historia"

e) Norberto Galasso, por ltimo, hace tambin su aporte a la polmica desde su concepcin "revisionista- federal- provinciano- socialista latinoamericano". Galasso en al ao 2006 publica "San Martn padre de la patria? o Mitre padre de la historia?. Este libro es la conclusin historiogrfica de otro libro de Galasso, publicado un ao antes, en el 2005: "Seamos libres y dems no importa nada. Vida de San Martn".

Galasso polemiza sobre la filiacin de San Martn, critica y descalifica el trabajo de el ex juez Sejean, menciona el plan ingls descubierto por Terragno y llega a la conclusin de que Mitre como Padre de la Historia narr una historia tan vaca y contradictoria que hoy se le vuelve en contra al aparato cultural del sistema: "con el correr de los aos, San Martn se ha puesto a cabalgar y arrincona a Mitre denunciado su historia falsa..."

Cmo interpretar toda esta polmica? Cul es el significado de los cuestionamientos? Qu intencionalidad poltica o ideolgica encubren las investigaciones histricas? Qu ha pasado con la solidez del mito?

Reflexiones sobre las "historias" de San Martn.

Ante todo, es conveniente sealar que las investigaciones histricas sanmartinianas expuestas ms arriba no son polticamente inocentes ni ideolgicamente vacas. Por el contrario, en cada una de las hiptesis, se advierte un sustrato ideolgico clarsimo.

Existe una estrecha vinculacin entre lo histrico y lo poltico contemporneo: El historiador Hugo Chumbita escribe desde una concepcin reivindicatoria de los pueblos aborgenes.

El juez Sejean funda su hiptesis en un concepto conspirativo de la historia. A sta no la hacen los pueblos sino que, el destino de las naciones se teje en los concilibulos de la masonera internacional, en especial la inglesa y ese es un concepto ideolgico de la historia. El Pueblo, por supuesto, ausente con aviso.

Terragno desde un liberalismo posmoderno, barnizado de social demcrata, termina elogiando la practicidad y el genio de San Martn por tal vez haber usado (si los us) los planes de los britnicos y justifica tambin una posible alianza del prcer con el imperio que para Terragno hubiera sido natural y oportuna.

El historiador Galasso a la revisin de estas historias les da una doble utilidad: En alguna exageracin (segn sus crticos) producto de nostlgicos enfoques ha escrito: "me gusta mucho encontrar analoga entre la lucha de San Martn y la lucha del Che". Afirmaciones como stas no pertenecen a la historia, son claramente ideologas, "ahistricas" dira el profesor Sul (un reconocido critico de la obra de Galasso). Y por otro lado, aprovecha el ro revuelto para fortalecer su tesis de que la Revolucin de Mayo no era separatista ni antihispnica sino una prolongacin de la revolucin democrtica espaola y que San Martn desembarca en Argentina para luchar por la soberana popular, la liberacin y la reconstruccin de la Patria Grande. Interesante y conocida concepcin de parte del revisionismo y de la" izquierda nacional" en la Argentina que humildemente comparto desde un revisionismo militante nacional y popular.

Incluso la novelita de Garca Hamilton tiene un trasfondo y una intencionalidad ideolgica: es preciso continuar alimentado el medio pelo y la cultura tilinga de algunos sectores de la sociedad argentina que continan anteponiendo la chismografa de dudoso gusto antes que un poco de verdad histrica u opinin poltica sincera. Tampoco se nos debe escapar que Hamilton, en esencia un liberal reaccionario, pretende, ante los embates contra la historia oficial, "ofrecer" una "mirada distinta" para no abordar los temas sin respuesta y as correr el eje de la discusin hacia ancdotas personales no muy fundadas.

La conclusin cardinal es: la historia de Mitre se ha cado y con ella el mito de San Martn. Esto significa sin ms que la Argentina, al menos en el mundo de las ideas, sufre de una grave y productiva crisis. Crisis que afecta a la historia de oficial, la de Grosso y la que nos ensearon en la escuela que se ha derrumbado junto con el manual de Astolfi, el Instituto, la Academia de Historia, los claustros universitarios, los Profesorados de Historia y todo el aparato cultural que lo sostena.

"La edad de la fbula ha terminado". La historia y la mitologa mitrista ya estn desde hace aos ante el juicio crtico de los argentinos.

El xito del aparto cultural dominante se debi a que nos quit la posibilidad de mirarnos para luego reconocernos en un modelo histrico concreto. Es el mismo aparato cultural que construy un mito basado en una historia tergiversada y tendenciosa y que hoy no resiste ni la mirada crtica de los escolares. Ya ni siquiera los manuales de la primaria repiten mecnicamente todas las patas del mito sanmartiniano del liberalismo argentino.

Pero la novedad, la buena noticia es que las ficciones y las contradicciones estn al desnudo: la historia oficial es mentira o es ficcin y el mito ya no es funcional. El esquema ya no le sirve ms a nadie.... Sobrevive solo por inercia de poder.

La necesidad de otro San Martn

A esta realidad inexcusable no es polticamente correcto responderle solo derrumbando estatuas o cambiando el nombre de las plazas, esas acciones son al fin y al cabo formales y sern el resultado de la conciencia histrica poltica del pueblo puesta en accin a travs de sus representantes. A travs de la poltica.

Es ineludible incorporar la polmica a todos los espacios posibles en especial a los partidos polticos, a los claustros universitarios, a los medios, y a las organizaciones intermedias comprometidas con la memoria, la verdad histrica y la conciencia nacional.

sta es la tarea que le cabe, entre otras en el futuro, a mi generacin. Los aos venideros imponen un nuevo proceso de revisin profunda para abrirle paso a la verdad histrica.

Nuestro panten nacional, con la ausencia de Rosas y la presencia de Sarmiento es el que corresponde a la antigua tradicin liberal mitrista. Con un San Martn vaciado de significado poltico y negado en sus rasgos nacionales ms profundos. Es preciso darle una autntica resignificacin a su figura y es tambin imprescindible la reconstruccin del mito histrico por otro ms integrativo, ms nacional, ms inclusivo.

Es sta, entonces, una batalla ms a librar en el campo de las ideas, asumiendo los riesgos que la verdad conlleve, la reelaboracin del mito fundacional de una Patria tiene que ver nada ms y nada menos que con la identidad de su Pueblo.

Se visualiza el presente como el momento oportuno para esta profunda revisin crtica, el hecho histrico ya no est secuestrado por los dictadores de la historia falsificada. En una prxima entrega avanzaremos con la dilucidacin de los "enigmas sanmartinianos", aquellos que le dan forma al mito. All plantearemos las bases de un nuevo San Martn, acorde con la verdad histrica y con las necesidades polticas de nuestra generacin.

El mito, hoy agonizante, fue y es patrimonio del pueblo. Y para un pueblo en marcha y con vocacin nacional nada es inmutable, nada es inalterable.

Escribe: Gonzalo Garca
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