11 de abril de 1870: El asesinato de Urquiza, crimen impune en la historia argentina
Miércoles 23 de Abril de 2014
10.04.2009 | A 139 aos del asesinato del caudillo entrerriano
11 de abril de 1870: El asesinato de Urquiza, crimen impune en la historia argentina
Escribe: Gonzalo Garca
Foto: Domingo F. Sarmiento era presidente de la Nacin cuando asesinaron a Urquiza.
1 de 1
Tanto en los albores de la nacionalidad como tambin durante las guerras civiles los crmenes impunes abundan en nuestra historia. Ricardo Lpez Jordn no mand a matar a Urquiza, esto est fehacientemente comprobado. Quin fue entonces?
"Hasta ahora se ha adjudicado a Lpez Jordn una responsabilidad personal del crimen, como si l lo hubiera concebido e inspirado, organizado y ejecutado. As se ha dicho y se viene repitiendo de generacin en generacin. As se ensea en algunos textos escolares. As se falsea la verdad y se adultera la historia En trminos generales se ha dejado caer la terrible y mortificante acusacin. Se la ha concretado con sonoros adjetivos pero sin las probanzas debidas Recorramos los archivos, acerqumonos a las amarillentas colecciones de las publicaciones peridicas de la poca, hurguemos en los rincones de las viejas casonas, que aun guardan las sugestiones de los tiempos idos, y no descubriremos nada que nos pruebe, que nos traiga y afirme la conviccin de una responsabilidad personal de Lpez Jordn en la tragedia del Palacio San Jos".
Anbal S. Vsquez. "Lpez Jordn"


El crimen impune, una constante histrica en la Argentina


Mariano Moreno muri en un barco ingls en alta mar, su defuncin ocurri en forma dudosa. Se habla de un posible envenenamiento del tribuno revolucionario de Mayo.

El "Tigre de los Llanos", Facundo Quiroga, es asesinado en Barranca Yaco por una partida comandada por un tal Santos Prez. Lo que no se puede dilucidar es si Santos Prez recibi el encargo de los Reinaf, de Estanislao Lpez o de algn otro caudillo contrariado por la estrella ascendente de Facundo.

La muerte de Lavalle en Jujuy es tambin un caso poblado de incertidumbres. Jos Mara Rosa en su magistral trabajo "El cndor ciego" investiga las circunstancias de esa muerte confusa.

En el atentado en que se hiere de muerte a Gemes no se distingue con certeza si fue organizado por los ltimos realistas que operan en Salta o fue obra de algn sector interno de los patriotas enfrentados.

Tampoco se sabe quin orden la mano del pual que mata a Monteagudo en Lima ni la de la otra mano que asesina por la espalda a Florencio Varela en Montevideo.

Ricardo Lpez Jordn fue asesinado en una calle de Buenos Aires, Casas, el matador, declar que su mvil era vengar a su padre, pero est probado que detrs del sicario estaban otros intereses polticos.

Como advertimos, tanto en los albores de nuestra nacionalidad como tambin durante las guerras civiles los crmenes impunes abundan en nuestra historia.


El asesinato poltico


Todos estos crmenes son polticos, es decir que tienen como motivo la eliminacin fsica de una persona que se presenta como un enemigo de los intereses del matador. Y todos estos homicidios tienen tambin un denominador comn: se realizan por encargo. El autor material del hecho (sicario) recibe la orden de matar a la vctima por parte del autor ideolgico (merced) que le otorga luego de cumplido el hecho homicida, una contraprestacin por la ejecucin.

Esta naturaleza especial de crmenes por encargo hace muy dificultosa la revelacin de quin es el autor ideolgico del delito que queda oculto e impune, ya que los autores materiales, si son apresados, ocultan la identidad del mandante. Ante el silencio del sicario surgen las conjeturas, las hiptesis y las posibilidades. Y finalmente, ante la falta de evidencias, queda para aplicar en el anlisis, la sugerencia de Sneca: "Aquel a quin el crimen le es beneficioso, es el que lo ha cometido".

Este trabajo es un aporte ms, que intenta desentraar los motivos del asesinato, hasta hoy impune, de don Justo Jos de Urquiza en el Palacio de San Jos. Autntico magnicidio, nico en nuestra historia ya que la vctima, al momento de su muerte revesta ciertas calidades que agravan el hecho: era Gobernador electo de la Provincia de Entre Ros, ex primer Presidente Constitucional de la Confederacin Argentina y Jefe Poltico del Partido Federal.



-------------------
Este ensayo est dividido en dos partes. En la primera pretende darle al lector un panorama del contexto histrico en se desenvuelve la tragedia y en una segunda parte se narran los hechos acaecidos, acompaados por un examen de los mismos basado en textos, notas y publicaciones de Jos Hernndez y Juan Bautista Alberdi.
--------------------



1) Viaje del Presidente Sarmiento a Entre Ros y visita a Urquiza en el Palacio San Jos.


"Ninguna persona que haya seguido estudiando en la prctica la historia de las republicas del Plata, ha debido extraar el desgraciado fin de Su Excelencia el seor Capitn General D. Justo Jos de Urquiza.. Por el contrario, lo admirable e inaudito es su permanencia en el poder, por grados, siempre bajando, en virtud de sus hechos, contrarios a su crdito, a sus amigos polticos y favorables a sus enemigos... En mi larga carta despus de esa batalla (la de Pavn), le dije que, habiendo l mismo cometido el gravsimo error, despus del triunfo, de pasar todo su poder a sus enemigos con funesto perjuicio a los que seguan de buena fe su poltica..., su vida y su fortuna no estaban seguras si permaneca en la provincia entrerriana".
Carta de Rosas a Urquiza, citada por Jos Luis Busaniche en "Juan Manuel de Rosas"


Urquiza y Sarmiento: enemigos ntimos


La relacin poltica de Sarmiento y Urquiza fue larga, despareja y encontrada. Sarmiento estuvo, segn lo demandaran las circunstancias, con Urquiza y contra Urquiza.

Estuvo con Urquiza cuando se incorpora a la campaa del Ejercito Grande que finaliza en Caseros con el derrocamiento de Rosas (1852). Sarmiento entr a Buenos Aires como boletinero del ejrcito de Urquiza con grado de oficial. Durante la campaa se encontraron en un par de oportunidades donde comprobaron las profundas diferencias que ambos tenan. Urquiza lo humilla al obligarlo a ponerse el cintillo punz, la divisa federal. Sarmiento lo desprecia y lo considera como los otros caudillos, "brbaro, atrasado y salvaje".

La relacin de ambos est rota despus de Caseros. A Urquiza le ha chocado la petulancia de Sarmiento. El caudillo le ha hecho al vanidoso Sarmiento las siguientes ofensas: no le ha dado el cargo en el Ejrcito que ambicionaba de jefe del Estado Mayor, no le ha escuchado sus consejos tcticos ni polticos; no ha demostrado confiar en su supuesto talento, le cuestiona sus escritos sobre la marcha del Ejercito Grande y los partes del boletn oficial y lo peor de todo, no le ha dicho ni una palabra sobre sus libros. El feroz resentimiento que le provoca la indiferencia del entrerriano le hacen considerarlo "peor" que a Don Juan Manuel. Frustrado y enfurecido Sarmiento por sus diferencias con el caudillo entrerriano y sumado a esto los conflictos que surgen entre Buenos Aires y Urquiza, retorna su "exilio" en Chile.

Desde Chile comienza una feroz campaa de injurias y calumnias contra Urquiza. Dice del jefe entrerriano: "Su vida pblica anterior requerir la indulgencia de la historia". "La historia de Urquiza debe principiar en Caseros porque para atrs es negra, salpicada de sangre". Lo agravia en lo personal recordando sus muchos hijos naturales. Le incluye entre los "vendidos verdugos" conque Rosas "esclaviz a las provincias". Le acusa de haber degollado o fusilado despus de las batallas. Y en Palermo, despus de Caseros, de haber muerto a mas de cuatro mil quinientos prisioneros.

Luego, de vuelta de Chile y pocos das despus de Pavn (1861), Sarmiento le escribe a Mitre felicitndolo. La carta es un documento de formidable valor histrico, que entre otras cosas dice: "No deje cicatrizar la herida de Pavn, Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton o la horca".

Han pasado los aos...Sarmiento es ahora Presidente y necesita del caudillo federal, su antiguo enemigo, para neutralizar al mitrismo y fortalecer su menguado poder poltico. Decide entonces, hacer un viaje a Entre Ros. El periplo es organizado de manera teatral, casi circense. Se embarca el 17 de enero de 1870 en un buque de la armada al que bautizan con el ofensivo nombre de "Pavn", espera llegar a Entre Ros el 3 de febrero para festejar junto a Urquiza el aniversario de Caseros. Numerosos personajes lo acompaan, ministros, diplomticos, el general Arredondo y el ingls Wheelwright forman la numerosa delegacin. Incluso tres busques extranjeros siguen el "Pavn", uno francs, otro espaol y otro italiano donde van ministros plenipotenciarios de esas naciones.

Llega por fin la delegacin al puerto de Concepcin del Uruguay, por entonces capital de Entre Ros, donde todo el pueblo aguarda al Presidente. En el muelle, erguido y espectacular est Urquiza, el viejo caudillo le espera vestido de civil, se ha puesto el frac. Sarmiento desciende del "Pavn" y, ante la emocin unnime se produce la increble escena: los viejos enemigos se abrazan. Luego, al observar Sarmiento una parada militar de la caballera entrerriana con el mismo uniforme que vestan en Caseros pronuncia una frase que ser clebre: "Ahora s que me siento Presidente de la Repblica".

Es el 3 de febrero de 1870, aniversario de la cada de Rosas. En San Jos, gigantesco y suntuoso palacio, por la noche se da una gran fiesta que impresiona a los visitantes. Hay baile y un gran banquete. Al brindar, Sarmiento, se atribuye el triunfo de Caseros. Urquiza ansioso de incorporarse a la nueva poltica de progreso y civilizacin acepta resignadamente el brindis jactancioso del ilustre visitante.

La visita concluye, Sarmiento vuelve a Buenos Aires. Transcurre cerca de un mes. Todo parece marchar viento en popa para Sarmiento: la guerra del Paraguay ha concluido, Mitre parece tranquilo y Urquiza domesticado. Apenas quedan en San Luis unas montoneras sublevadas por Santos Guayama al que considera un simple bandido. Todo va bien para el Presidente hasta que el da 13 de abril recibe una noticia de Entre Ros que lo deja estupefacto: El da 11 de abril, ha sido asesinado en su palacio de San Jos, Justo Jos de Urquiza.


2. El magnicidio: Hechos, alertas y lecturas


"Jams Sarmiento tendr fotografa de la fisonoma de su alma, mejor que su proyecto de ley en que ofrece veinte mil libras esterlinas al asesino de Lpez Jordn. Esa es la moral del que hizo una guerra a ese mismo Lpez Jordn en nombre de la moral: dar primas esplendidas y solemnes al asesino y al asesinato".
Juan B. Alberdi. "Escritos Pstumos"


Los hechos del 11 de Abril


A principios de abril haba estallado la revolucin jordanista en distintos lugares de la provincia y, aunque no est probado que entrara en el plan revolucionario la muerte de Urquiza, su residencia es asaltada y l es asesinado por una partida que obedeca polticamente a Lpez Jordn.

Es preciso que nos detengamos en el anlisis de esos sucesos para ver como la historia oficial ha falsificado los hechos endilgndole la culpa del asesinato a Lpez Jordn.

Los hechos acaecidos son muy confusos, hay diversas y contradictorias versiones, pero en verdad el nico documento cierto que existe sobre la forma en que se produjo la muerte de Urquiza, quines fueron sus autores materiales y quines los mentores ideolgicos del atentado, son las declaraciones que aport el capitn Jos Mara Mosqueira, nico detenido y procesado por los hechos. (1)

Segn lo expresado por el mencionado Mosqueira en el juicio, los hechos ocurrieron de la siguiente manera: La conspiracin comienza en la estancia de Arroyo Grande, cerca de Concordia. A dicho lugar concurre el joven estanciero de Gualeguaych, Jos Mosqueira para ofrecerle sus servicios a Lpez Jordn en el movimiento revolucionario que ste prepara para derrocar al gobernador Urquiza. El plan queda acordado. El lugar de encuentro de los conjurados ser en la misma estancia, el 9 de abril.

Treinta hombres al mando del mayor Robustiano Vera y Jos Mosqueira partieron desde Arroyo Grande rumbo al establecimiento San Pedro, propiedad de Urquiza, a los efectos de ponerse a las rdenes del Coronel Luengo que los esperaba con veinte hombres ms.

Las rdenes recibidas, segn cuenta Mosqueira en las actas del juicio, eran las de apresar a Urquiza, respetarle la vida al gobernador y a su familia y llevarlo a la presencia del jefe revolucionario. La partida la formaban entre otros, adems de los mencionados, Ambrosio Luna, Pedro Aramburu, Juan Pirn, Facundo Teco, Agustn Minu, Mateo Cantero y Nicomedes Coronel, este ltimo era mayordomo de la estancia San Pedro. Un dato interesante: de todos los hombres de la partida slo Mosqueira era entrerriano. La mayora de ellos eran federales correntinos y orientales exiliados. Simn Luengo, el jefe de la partida, era un caudillo federal cordobs de cierta relevancia que haba sido derrotado en su provincia natal y viva en Entre Ros protegido por Urquiza.

Al caer la tarde de ese fatdico lunes de 1870, segn los testimonios, a las 19.30 hs., el gobernador se encontraba en la galera delantera de su residencia conversando con uno de sus ministros y escuch sorprendido la llegada de un tropel de jinetes que haban entrado por la puerta trasera del Palacio San Jos al grito de Muera Urquiza! y dando vivas a Lpez Jordn. El gobernador se dirigi a una de sus habitaciones extrayendo un rifle y disparando contra la partida. Lo que ocurre a partir de ese momento es confuso y no lo aclara Mosqueira en el proceso. No se sabe si Luengo alcanz a darle la orden de rendicin a Urquiza o algn hombre de la partida dispar desobedeciendo la orden contra el caudillo que cae alcanzado por un tiro en la cara. Tambin es un enigma quin lo "despen" con cinco pualadas en el pecho. (2)

Lo que s est claro es que la muerte de Urquiza no fue ordenada por Lpez Jordn ni estaba en los propsitos de los revolucionarios. La consideraban una muerte intil. Y, para completar la intriga de esta historia, el mismo da, con algunas horas de diferencia, como en una secuencia del cine de Francis Ford Cppola, son asesinados en Concordia, tambin en circunstancias equvocas dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino.


La reaccin de Sarmiento


Cuando el Presidente Sarmiento recibe la noticia en Buenos Aires de la muerte de su flamante aliado lo invade un furor apocalptico (actuacin?). Los primeros informes le indican que parece que los matadores obedecan a una orden de Lpez Jordn.

Enfurecido y apurado Sarmiento promete vengar al muerto y aniquilar al presunto asesino. Dispone que el homicida es Lpez Jordn, le imputa el crimen porque polticamente le conviene. Sarmiento sabe bien que Lpez Jordn es ahora su nuevo enemigo, es el hombre que le impidi a Urquiza enviar las tropas a Paraguay en el desbande de Basualdo. Sabe de la prdica que Lpez Jordn tiene en el pueblo entrerriano y de su popularidad. Teme Sarmiento una revuelta federal generalizada.

Por razones polticas, sin averiguar los pormenores del caso, le imputa a Lpez Jordn el homicidio que la historia oficial repetir incansablemente. Pero, lo cierto es que el asesinato de Urquiza es un crimen impune, uno de los tantos que la historia oficial oculta.


Quien fue?


Entonces, si no hubo orden de matar a Urquiza por parte de los revolucionarios, como fue el desenlace de la tragedia de San Jos? Cmo y por qu ocurrieron los hechos?

Dentro del conjunto de historiadores que han tratado de develar la incertidumbre del hecho, Fermn Chvez, en su voluminoso y documentado libro "Vida y muerte de Lpez Jordn" conjetura tres probabilidades: a) Que los jefes de la revolucin jordanista autorizaron la ejecucin de Urquiza. b) Que Luengo, la resolvi sobre la marcha. c) O que la resistencia armada de Urquiza di ocasin a su muerte.

Ahora bien, ninguna de estas hiptesis puede ser probada... Son especulaciones. De hecho, nada ha podido ser probado fehacientemente. Vale entonces, a casi ciento cuarenta aos de lo ocurrido, hacerse una clsica pregunta de invariable lgica policial: A quin le convino el crimen? Quin fue polticamente beneficiado por el asesinato? La respuesta que surge inmediatamente es: Sarmiento.

Por un lado qued eliminado Urquiza del cual Sarmiento desconfiaba no obstante la visita reconciliatoria que le haba hecho al "Seor de San Jos". Y, por otro lado, el crimen, le da la oportunidad de intervenir e invadir militarmente Entre Ros, ltimo bastin del federalismo, para perseguir hasta aniquilar a Ricardo Lpez Jordn que asomaba como un referente nacional de la causa federal. Aprovecha la coyuntura para poner en prctica el nefasto consejo que aos antes le haba dado a Mitre: "no ahorre sangre de gaucho" y abonar la tierra entrerriana con la sangre de las ltimas montoneras sublevadas contra el atropello de Buenos Aires.


La premonicin de Jos Hernndez


Jos Hernndez, el autor del Martin Fierro, es uno de los grandes intelectuales del campo nacional. Su obra constituye uno de los pilares sobre los cuales se construye la cultura argentina de los ltimos 150 aos. l y su obra fueron un anti facundo, un anti Sarmiento.

Si bien fue pblica su filiacin jordanista y conocidas sus palabras en torno a Urquiza y su muerte (3), en su obra se encuentra un texto que advierte, como lo hara una pitonisa, la posibilidad de una tragedia como la acontecida el 11 de Abril de 1870.

Militante poltico y periodista, Hernndez funda en nuestra ciudad, Paran, en el ao 1863 el peridico "El Argentino". Prensa federal y anti portea, desde all public sus notas sobre el Chacho, una muerte confesa de Sarmiento. Las notas luego fueron editadas como un folleto titulado "Rasgos Biogrficos del General ngel Vicente Pealoza", que llegar a nuestros das como "Vida del Chacho" de Jos Hernndez. Este trabajo tiene un prefacio de carcter premonitorio que traza un vnculo directo entre Sarmiento y los unitarios con la muerte de Urquiza:

"Los salvajes unitarios estn de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los caudillos ms prestigiosos, ms generosos y valientes que ha tenido la Repblica Argentina. El partido Federal tiene un nuevo mrtir. El partido Unitario tiene un crimen ms que escribir en la pgina de sus horrendos crmenes

El partido que invoca la ilustracin, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cocindolos a pualadas

El partido unitario es lgico con sus antecedentes de sangre Maldito sea!... La Sangre de Pealoza clama venganza No lo har el general Urquiza. Puede esquivar si quiere a la lucha su responsabilidad personal, entregndose como inofensivo cordero al pual de los asesinos, que espan el momento el golpe de muerte; pero no puede impedir que la venganza se cumpla, pero no puede continuar por ms tiempo el torrente de indignacin que se escapa del corazn de los pueblos

Cada palpitacin de rabia del partido unitario, es una vctima ms inmolada a su furor. Y el partido unitario es insaciable

La historia de sus crmenes no est completa. El general Urquiza vive aun, y le General Urquiza tiene que pagar su tributo de sangre a la ferocidad unitaria, tiene tambin que caer bajo el pual de los asesinos unitarios como todos los prceres del partido federal Tiemble ya el general Urquiza que el pual de los asesinos se prepara para descargarlo sobre su cuello; all, en San Jos, en medio de los halagos de su familia, su sangre a de enrojecer los salones tan frecuentados por el partido Unitario

Lea el general Urquiza la historia sangrienta de nuestros ltimos das; recuerde a sus amigos, Benavidez, Virasoro, Pealoza sacrificados brbaramente por el pual unitario; recuerde los asesinos del progreso, que desde 1852 lo vienen acechando No se haga ilusiones el general Urquiza Recorra la fila de sus amigos y vea cuantos claros ha abierto en ellas el pual de los asesinos. As se produce el aislamiento, as se produce la soledad en que lo van colocando para acabar con el sin peligro. Amigos como Benavidez, como Virasoro, como Pealoza no se recuperan, general Urquiza

No se haga ilusiones el general Urquiza; el pual que acaba de cortar el cuello del general Pealoza, bajo la infame traicin de los unitarios, en momentos de proponerle paz, es el mismo que se prepara para l en medio de las caricias y de los halagos que le prodigan traidoramente los asesinos

En guardia general Urquiza! El pual est levantado, el plan de asesinaros preconcebido; la mano que descargue el golpe la comprara el partido unitario con el oro que arrebata al sudor de los pueblos que esclaviza"


Este texto, critico tambin con el Urquiza posterior a Pavn, era una luz roja de alerta para el entrerriano. Con un carcter premonitorio y preciso se seala hasta el lugar donde morira el gobernador. Tambin marca, en forma clara, que la pasividad del caudillo entrerriano ante el asesinato del Chacho Pealoza, instrumentado y pensado por Sarmiento no solo fue una claudicacin poltica, fue tambin un golpe directo contra su propia fortaleza.

Aos despus del texto citado, Jos Hernndez, desde otro peridico militante, "El Eco de Corrientes" escriba contra la candidatura presidencial de Sarmiento: "Somos opositores a la candidatura de Sarmiento porque somos Nacionalistas, hemos formado siempre en las filas del partido federal separado de la escena pblica desde la Batalla de Pavn, y sin traicionar nuestra fe poltica no podramos simpatizar con Sarmiento para quien la federacin es una bestia negra, con l que ha proclamado siempre el unitarismo porque reputamos su candidatura como candidatura de amenaza, como una espada desnuda sobre el cuello del partido federal.."

Ya en el ocaso de su carrera poltica, Sarmiento sigue siendo blanco de las balas de prensa de Jos Hernndez. En una nota del ao 1875, publicada en el peridico "La Libertad" de Buenos Aires, que reproduca una carta abierta del autor del Martin Fierro dirigida al asesino de Pealoza se puede leer: "Al termino de esas luchas hemos llegado cada uno con la historia de nuestros propios hechos Pero por violento que haya sido el tono de mis escritos en la prensa peridica en los momentos terribles de la lucha, ni lgrimas, ni sangre se ha derramado por mi culpa, y ni viudas, ni hurfanos, han de maldecirme. Y Ud. seor Sarmiento, podr decir lo mismo? El pas entero sabe que no" (4)


La lgica deductiva de Alberdi


Juan Bautista Alberdi, el ms lucido pensador del siglo XIX, es un hombre a cuyo pensamiento lo han partido en dos. Reivindicado por el liberalismo porteo en su etapa antirrosista juvenil, fue condenado al ostracismo por los vencedores de Caseros y Pavn, y toda su obra madura fue declarada como un crimen de lesa patria. No es llamativo que nuestros contemporneos conozcan solo una parte muy pequea de su obra.(5)

Con los "Escritos Pstumos" de Alberdi, magna obra confinada al olvido por la historia oficial, se puede reconstruir un rompecabezas, a travs de diferentes textos, que nos brinda las supuestas razones y los autores de los hechos del 11 de Abril y sus consecuencias inmediatas y mediatas.

Para Alberdi la clave de los hechos radica en la trascendencia nacional de Entre Ros. Los mviles de este proceso residiran en la bsqueda de la supresin poltica de nuestra provincia. As lo afirma cuando escribe: "Ningn presidente argentino puede existir sin el apoyo de Entre Ros. Es la verdadera capital geogrfica de lo que se llama gobierno nacional argentino, aunque este resida en Buenos Aires. No es Urquiza el que le da ese rol, sino la geografa. Lo tuvo antes Urquiza, lo tendr despus de l. Urquiza debe lo que es al poder que su provincia debe a su situacin geogrfica. Entre Ros es la cua natural de Buenos Aires. La cua para ser buena ha de ser del mismo palo; es decir, del mismo modo de ser litoral, pastoral, comercial, con la ventaja de estar fortificado por sus mismos limites naturales y estratgicos, y estar libre de indios pampas, polilla indestructible de la campaa de Buenos Aires, que est al lado de de un rio pero no entre dos ros, que le den riqueza, defensa y poder. Todo el que busca la nacin se dirige a Entre Ros, porque esta provincia la representa geogrficamente, a causa de su identidad de inters, como entidad antagonista de la provincia de Buenos Aires, que pretende suplantarse a la nacin en vez de confundirse con ella La prueba es que los dos presidentes que se han llamado vencedores de Urquiza y de Entre Rios no han podido presidir a la nacin sin tener la venia de Entre Ros. Por qu? Porque Entre Ros representa mejor la nacin que Buenos Aires. (Escritos Pstumos, Tomo IX, pgina 266-7)". (6)

Esta idea de la envergadura econmica y poltica de Entre Ros se debe complementar con un leitmotiv de los "Escritos" alberdianos: La Guerra del Paraguay. Para el tucumano, la Guerra del Paraguay y la invasin a Entre Ros son etapas de un mismo proceso en el cual Buenos Aires, instrumentando una poltica imperialista, aniquila a sus dos grandes antagonistas. Despus de la muerte de Urquiza y cuando Sarmiento se dispone a invadir Entre Ros, Alberdi escribe: "Los que dicen que van a vengar a Urquiza no van ms que a arruinar Entre Ros, en el nombre de la moral aparentemente, pero en realidad en nombre del egosmo, pesimamente entendido, de Buenos Aires y el Brasil. Entre Ros y sus progresos eran un fantasma aterrador para Buenos Aires, como suceda con el Paraguay cuando ese pas se llenaba de vapores, ferrocarriles, telgrafos, arsenales, etc., etctera. El pretexto moral de vengar a Urquiza, es decir, a su mayor enemigo, sirve al fin verdadero, que es arrasar al Entre Ros, es decir, el emulo temido en la guerra del progreso material, el pueblo que abri los afluentes del Plata. Hacer una guerra civil para castigar un asesinato es querer remediar un crimen por otro crimen mayor: un solo asesinato por diez mil asesinatos. Si los aliados no son autores del uno, lo son al menos del otro; si no lo son del asesinato individual, lo son de la guerra civil, es decir, del asesinato en masa. Y la muerte de Urquiza sirve tan bien a sus vecinos que hasta podra drselos muy bien por sus autores. (E.P., Tomo VII, pgina 293)". Se puede percibir que, en esta frase, Alberdi sugiere que Sarmiento puede bien ser quien mat a Urquiza.

Alberdi seala una participacin y un inters concreto de Sarmiento y el poder poltico de Buenos Aires en la muerte del gobernador entrerriano. Tambin traza la vinculacin entre el genocidio del pueblo paraguayo y el aniquilamiento de la montonera federal de Lpez Jordn. El tucumano solidifica esta teora cuando, dudando de la casualidad, afirma que: "No bien terminada esa contienda (La Guerra del Paraguay) el gobierno de Sarmiento emprendi las dos guerras casi consecutivas de Entre Ros que costaron a la nacin vente millones de duros y ocho o diez mil vidas de argentinos La mano de la casualidad sirvi a la mira de ese corolario de la Guerra del Paraguay con un discernimiento que la hubiera hecho sospechar consciente de lo que haca. Lpez (Solano) pereci asesinado (segn el cdigo americano de la guerra moderna) el 1 de Marzo de 1870, y Urquiza a los cuarenta das, el 11 de abril del mismo ao. Tom la presecucin del castigo de este ltimo crimen, en nombre de la moral, el mismo que haba preparado indirectamente por centenares de escritos personales contra Urquiza, en que enseo la doctrina de la supresin de los caudillos. La rica y gloriosa provincia de Entre Ros preconizada en Argirpolis fue arrasada por dos campaas sangrientas, en nombre de la moral que condena el asesinato, como fue arrasado el Paraguay en nombre del honor nacional argentino y de la libertad de los paraguayos. Era la tctica hipcrita de la vieja poltica que cubre sus intereses en mira con principios abstractos de moral poltica. El gobierno de Sarmiento no destruy la provincia argentina de Entre Ros sino para servir los intereses mismos en vista de los cuales fue destruido el Paraguay". (E. P., Tomo XI, pginas 318-9).

Profundiza este anlisis otro prrafo, en donde explayndose sobre la relacin entre Sarmiento y Urquiza y la Guerra del Paraguay, sostiene que la relacin entre el presidente y el gobernador entrerriano "puede tener ms bien por objeto calmar y desarmar a Urquiza, para sacrificarlo despus que a Lpez" (E.P., Tomo IX, pgina 286) o cuando afirma que "Se agarra de Urquiza como se agarrara de la pata del diablo por no ahogarse, salvo ahogar al diablo ms tarde" (E.P., Tomo XI, pgina 254).

A las razones polticas antes mencionas, Alberdi agrega motivaciones vinculadas con negociados financieros. En distintos pasajes de los "Escritos" habla sobre la deuda externa creciente, la pelea por emprstitos y su "manejo" poltico como una cuestin determinante de las grandes decisiones polticas argentinas. En un prrafo en particular, traza un sugestivo paralelismo entre la muerte de Urquiza y la de Facundo Quiroga, en la cual alude a la responsabilidad de Sarmiento en la muerte del entrerriano: "En el mismo ao de 1870, en que Urquiza dejo de levantar el emprstito entrerriano, por su muerte, Buenos Aires levanto es suyo de 5 millones de pesos. Los hombres a quienes Urquiza haba encargado de ese emprstito en Londres, eran agentes secretos de Buenos Aires y del Brasil. (Histrico). Es la lgica de los hechos la que acusa de la muerte de Urquiza a los que estn procesando a Lpez Jordn por el crimen que Buenos Aires hizo expiar a los Reinafs (verdaderas vctimas de su bisoes) en la plaza de la Victoria. As, no los excusa de la muerte de Urquiza el que castiguen a Lpez Jordn, pues tambin los Reinafs, gobernadores de Crdoba, instrumentos de la muerte de Quiroga, fueron fusilados en Buenos Aires por el gobernador Rosas, que, segn Valera, Indarte, Sarmiento, Alsina, etc., fue el autor mediato pero real de la muerte de Quiroga. (E.P., Tomo X, pgina 35)". Volviendo sobre los pasos de Sarmiento, Alberdi acusa al ahora presidente de los mismos hechos que aquel acusaba a Rosas.

En cuanto a la autora material e ideolgica del crimen de Urquiza, Alberdi fertiliza la hiptesis de que Sarmiento sera el responsable de todo lo ocurrido. Lo denuncia metafricamente cuando escribe que: "Mat a Urquiza el que mat el honor, el nombre y el crdito y valor moral de Urquiza. Fue matador de Urquiza el que lo demostr en cien escritos, por diez aos, que era todo y el solo mal de la patria; que era un monstruo de inmoralidad y de tirana, indigno de vivir. En una palabra, mat a Urquiza el que lo conden a muerte, a la muerte violenta que tuvo, y esa sentencia lleva el nombre de Sarmiento y est refrendada por el nombre de Mitre; as como Sarmiento refrend la sentencia de muerte contra Lpez del Paraguay...". En ste pasaje, Alberdi le imputa a Sarmiento una responsabilidad moral e indirecta con respecto al atentado. Pero va ms all, en el mismo texto ahonda sobre la posible responsabilidad directa que Sarmiento habra tenido cuando afirma: "Todos los conflictos que forman las crisis del Plata en 1873 son resultados episdicos, efectos directos, obras perfectas de las presidencias de Mitre y Sarmiento. La actual cuestin del Paraguay viene de Mitre, que fue el creador de esa cuestin, no resuelta no terminada todava. La cuestin de Entre Ros, viene de la presidencia de Sarmiento, que mand la guerra innecesariamente contra Lpez Jordn, despus de ser l mismo quin mat a Urquiza, con ms probabilidad que Jordn. De Jordn slo sabemos que fue acusado de esa muerte porque acept la revolucin contra Urquiza; pero de Sarmiento todo el mundo conoce la obra contra la vida de Urquiza. (E.P., Tomo VII, pagina 304)".

Razonamientos como estos se encuentran diseminados por los distintos rincones de los "Escritos" alberdianos. A los fines de este breve ensayo solo he seleccionado algunos para reconstruir el anlisis de Alberdi, que pone en el centro del proceso, que va desde la tragedia del 11 de Abril de 1870 a la eliminacin de la montonera jordanista, la cuestin poltica nacional.

Alberdi, a travs de sus textos, afirma que este proceso tena como finalidad principal la de eliminar polticamente a Entre Ros, y a sus hombres, del escenario nacional. Se lo hizo para allanar el camino a la poltica del puerto de Buenos Aires y terminar definitivamente con la nica posibilidad latente de construir una patria autnticamente federal. Los negocios externos, la deuda pblica, el comercio exterior y el orden poltico interno fueron los mviles de la tragedia. Con la guerra y la muerte, al igual que como hicieron con el Chacho y Solano Lpez, Mitre, Sarmiento y cia. remataron a sus opositores polticos entrerrianos.


3. Conclusiones


"Sarmiento acusa a Lpez Jordn con el mismo nfasis que peda Southampton o la horca para Urquiza y la voracidad de las llamas de un pavoroso incendio para Paran. Sabindose familiarizado con la prdica del asesinato quiere descargar su conciencia de toda responsabilidad En este episodio el oficialismo metropolitano vuelve a administrar justicia a su gusto y paladarEn la lucha rencorosa, sin cuartel, de acciones violentas, Sarmiento venci, al final, a Lpez Jordn y no solo dict sentencia en las acusaciones que l solo hizo, sino que las impuso La versin oficial que ha llegado hasta nosotros es consecuencia de esa disciplina".
Anbal S. Vsquez. "Lpez Jordn"


No todo se puede ocultar o silenciar por siempre


La historia oficial est plagada de falsedades y omisiones maliciosamente consumadas. De hecho, las muertes poco claras que mencionamos al principio de este ensayo han sido instrumento de propaganda poltica del aparato cultural del sistema. Ya sea para encubrir o para culpar injustamente de un crimen a alguien, un asesinato o una muerte jams constituyeron un impedimento moral a la hora de escribir la historia acorde a los intereses de las clases dominantes. Si han asesinado, que problema pueden tener en mentir sobre ello, o sobre quin y cmo.

Pero no todo se puede ocultar o silenciar eternamente. Los textos de Jos Hernndez y Juan Bautista Alberdi, olvidados maliciosamente por la historiografa oficial, abren una ventana para tener una mirada distinta sobre el asesinato de Urquiza, magnicidio impune en la historia argentina. Existen otros historiadores y actores polticos de la poca que llegan a conclusiones similares que esta. Su estudio tambin podr contribuir a iluminar con la verdad este oscuro episodio histrico.

Fueron muchos los que profetizaron la muerte de Urquiza. Diversos agoreros de la sangre y el pual tuvieron claro que el final de Urquiza sera trgico. A varios de ellos los mencionamos en este ensayo. La particularidad es que todos, a pesar de sus diferentes procedencias polticas, afirmaron que sera la mano unitaria la autora del crimen. Como una "crnica de una muerte anunciada", en vida de Urquiza muchos actores polticos de la poca presagiaron su violento fin. De todos los orculos, me reserv para el final a Emilio Castro Boedo. En el libro "Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80" de Eduardo Luis Duhalde, que es, entre otras cosas, una excelente recopilacin de documentos, proclamas y declaraciones de la poca, se transcribe un carta que el clrigo, intelectual y militante federal salteo le dirige a Urquiza en 1866: "La gran presa que miran los unitarios es la fortuna del General Urquiza; el da que puedan le quitarn la vida con rara alevosa, harn sucumbir en cadenas estrangeras a su ilustre respetable esposa con todos sus hijos, prendern fuego hasta el ltimo retoo de sus partidarios, es decir del partido federal".

A modo de conclusin, lo que queda claro hoy es que Ricardo Lpez Jordn no mand a matar a Urquiza, esto est fehacientemente comprobado. Quin fue entonces el mentor del atentado? Fue un accidente? Una venganza de los viejos federales decepcionados por las vacilaciones de Urquiza? Una represalia por la "retirada" de Pavn? Un crimen ejecutado por los liberales porteos como lo presagi Jos Hernndez? Qu relaciones y que consecuencias tuvo con el atentado el viaje presidencial de Sarmiento a San Jos? No hay certezas y el lector tendr que remediar la falta de pruebas con sus propias conjeturas.

Escribe: Dr. Gonzalo Garca



Notas


1. Jos Adolfo La Rosa publica, en el ao 2003, un libro titulado "l no mat a Urquiza". En la obra reivindica la figura de Mosqueira, antepasado del autor del libro. La Rosa, basado en las actas judiciales demuestra que Mosqueira no es el autor material del homicidio sino que fue un chivo expiatorio. El mencionado Mosqueira es sobresedo en la causa y segn el autor muere en extraas circunstancias, envenenado? en Gualeguaych en 1874.

2. De toda la bibliografa y documental consultada surge que el tiro que recibe Urquiza en la cara no es mortal. El tiro habra sido disparado por un tal Pardo Luna. Pero el autor material de la muerte de Urquiza fue quien infiri las pualadas y segn las declaraciones y acorde a los testigos lo sindican al cuchillero oriental Nicomedes Coronel.

3. Quienes pretenden reforzar la tesis oficial que adjudica la muerte Urquiza a una orden de Lpez Jordn suelen abonar sus teoras con una cita de Jos Hernndez: "Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ros, pero era ms que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por l. La reaccin del partido, deba por lo tanto iniciarse por un acto de moral poltica, como era el justo castigo del Jefe Traidor". Independientemente del anlisis del resto de la obra periodstica y poltica de Jos Hernndez que no viene al punto de este ensayo, pero a los fines de relativizar esta idea me parece oportuno mencionar que esta no es una nota de un diario ni un carta abierta, proclama ni un texto de carcter pblico de los tantos que escribi Jos Hernndez en su vida. Al contrario, es una carta privada annima, que ni si quiera lleva su firma, que llega a manos de Lpez Jordn por interpsita persona meses despus de la tragedia del 11 de Abril cuando el autor del Martin Fierro ni siquiera resida en Entre Ros. Esto lo demuestra Anbal S. Vsquez en "Jos Hernndez en los entreveros jordanistas", teora que sigue Fermn Chvez en su "Jos Hernndez. Periodista, Poltico y Poeta".

Tambin considero apropiado mencionar que en ningn trayecto de la carta se menciona el hecho concreto del magnicidio entrerriano ni mucho menos la autora de Lpez Jordn. Otra cuestin importante para traer a colacin radica en el hecho de que la carta es una proclama federal, que insta Lpez Jordn a encabezar una revolucin nacional contra el gobierno de Sarmiento, es as que en otros pasajes del documento podemos leer: "El actual gobierno Nacional es arbitrario, desptico y timorato, porque no se apoya en la opinin de los pueblos, sino en las bayonetas de sus reducidos batallones" "Ud. quiere la felicidad de Entre Ros, su prosperidad, su progreso, su engrandecimiento moral y material esta aspiracin es noble y legitima de parte suya; pero no puede realizarse, sino armonizado su surte con las dems Provincias Argentinas, y haciendo que todas ellas participen de los mismos beneficios" "Creo que sera posible robustecer el poder de la revolucin de Entre Ros, por la unin de los federales de todas las partes. No deje Ud. que su prestigio se menoscabe fuera de Entre Ros. (Carta citada en "Jos Hernndez en los entreveros jordanistas" de Anbal S. Vsquez)".

4. Las dos citas periodsticas de Jos Hernndez fueron extradas del libro "Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80" de Eduardo Luis Duhalde, un excelente libro que narra y describe el rol de toda una generacin poltica e intelectual que se enfrento al liberalismo porteo.

5. El historiador entrerriano Fermn Chvez aborda de manera muy acabada la etapa madura de Alberdi. En distintos libros como "Civilizacin y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina" y "Alberdi y el Mitrismo" se puede encontrar un excelente panorama de la obra antimitrista y antisarmientina del pensador tucumano.

6. La edicin de los "Escritos Pstumos" es la de la Universidad Nacional de Quilmes, del ao 2002.



Bibliografa especial consultada.


Alberdi, Juan Bautista. "Escritos Pstumos". Edit. Universidad Nacional de Quilmes. Bernal 2002.
Barreto Constantn, Ana Mara. "Muerte de Urquiza" Edit. Dunken. 2008.
Bosch, Beatriz. "Urquiza y su tiempo". Eudeba. Buenos Aires 1971.
Chvez, Fermn. "Vida y muerte de Lpez Jordn". Editorial Teora. Buenos Aires 1970.
Chvez, Fermn. "Civilizacin y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina". Edit. Los Coihues. Buenos Aires 1988.
Chvez, Fermn. "Vida del Chacho". Ediciones Theoria. Buenos Aires. 1967.
Duhalde, Eduardo Luis. "Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80". Editorial Punto Crtico. Buenos Aires. 2005.
Duarte, Mara Emilia. "Urquiza y Lpez Jordn". Editorial Platero. Buenos Aires. 1974.
Glvez Manuel. "Vida de Sarmiento". Editorial Thor. 1943.
Gianello, Leoncio. "Historia de Entre Ros". Ediciones de la Provincia. Paran. 1951.
La Rosa, Jorge Adolfo. "l no mat al General Urquiza".
Newton, Jorge. "Ricardo Lpez. ltimo caudillo en armas". Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1965.
Salduna, Bernardo. "La rebelin jordanista". Editorial Dunken. Buenos Aires 2005.
Vsquez, Anbal. "Caudillos entrerrianos. Lpez Jordn". Editorial Peuser. Rosario 1940.
Vsquez, Anbal. "Jos Hernndez en los entreveros jordanistas". Editorial Nueva Impresora. Paran 1953.
Ruiz Moreno, Leandro. "A 81 aos de la tragedia del 11 de abril". Editorial Nueva Impresora. Paran 1951.
Edicin Impresa Nro 68
Ediciones Anteriores
Tapa papel
Nosotros
Un equipo militante
Consultas o dudas
Doctrina
Documentos Historicos
Libros y Doctrina
Para el Debate
Imgenes
Histricas
Actuales
www.lavozdelajp.com
Todos los Derechos Reservados